Tabaquismo, salud, ética, responsabilidad y ahorro

Emilio Salguero Chaves: En Extremadura, no conozco ningún programa, plan o estrategia puesto en marcha, en los últimos años, para ayudar a los fumadores

El hábito de fumar constituye la primera causa de muerte en el mundo. Casi 6 millones de seres humanos (1 de cada 10) fallecen cada año por enfermedades derivadas de la inhalación repetida del humo de cigarrillos. En España, mata a más de 150 personas cada día, casi siempre después de meses o años de intenso sufrimiento, para el fumador y su familia. Muy, muy por delante de enfermedades como la diabetes, el colesterol alto, la artrosis o la depresión, que nos preocupan y ocupan sobremanera a pacientes, profesionales y gestores sanitarios. Enfermedades en las que mantener al paciente «controlado» es casi siempre a lo máximo que podemos aspirar y que pese a ello nos supone un gasto público de miles de millones de euros cada año, en pruebas diagnósticas, fármacos, intervenciones quirúrgicas, terapias psicológicas, incapacidad laboral, etcétera.

Si usted fuma, ¿acude a controles periódicos con su médico o enfermera, como hace con otros problemas de salud, para intentar poner solución a su peligroso hábito? ¿Conoce fármacos financiados para ayudarle, como los hay para otras muchas enfermedades y molestias? ¿Ha visto carteles en el centro de salud o en el hospital que le indiquen dónde le pueden ayudar? ¿No? Yo tampoco.

En Extremadura, no conozco ningún programa, plan o estrategia puesto en marcha, en los últimos años, para ayudar a los fumadores. Ninguna ayuda profesional protocolizada, accesible, generalizada y suficientemente publicitada para ayudar a salir de la cárcel en la que están prisioneros los fumadores extremeños, ayuda que sí se ofrece para innumerables problemas de salud que afectan a menos ciudadanos y no producen tanto daño... Probablemente, ésa es una de las razones por la que estamos a la cabeza en prevalencia de tabaquismo, muy por encima de otras CC. AA. que hace años tienen programas al efecto. Porque sabemos que estas intervenciones (basadas fundamentalmente en el apoyo conductual y el uso de fármacos específicos) hacen más fácil el abandono y triplican la probabilidad de éxito respecto al fumador que lo intenta por su cuenta.

En este sentido, no podemos dejar de hacer referencia a las gestiones que el presidente de la comunidad riojana está realizando para evitar el quebranto económico de los 471 trabajadores afectados por el cierre de la fábrica de tabacos en Logroño. Deben los políticos esforzarse en buscar soluciones para estas personas y sus familias, pero mucho más deben hacerlo (los datos son incuestionables) para ayudar a liberar a los fumadores de su peligroso hábito, pues sabemos también que al menos la mitad de ellos morirán a causa de un infarto, un cáncer o una enfermedad grave derivada del tabaco. Perderán, por tanto, algo más que su empleo. No cabe ya, respecto al entramado económico sustentado por el tabaco, sino ir buscando actividades económicas alternativas que ocupen laboralmente a los que hoy viven de ello (por ejemplo, cultivos alternativos en las zonas donde ahora se cultiva la planta de tabaco), pues éticamente -como sostiene la Organización Mundial de la Salud y el resto de instituciones dedicadas a velar por la salud de la población-, todos estamos obligados a trabajar para lograr cuanto antes un mundo sin tabaco, y evitar así el ingente sufrimiento y gasto que el tabaquismo está produciendo a muchos de nuestros semejantes. Gasto que además nos impide atender a otras necesidades perentorias que todos conocemos.

Hace unos días, en Cáceres, escuché esperanzado las palabras del consejero de Sanidad y del director gerente del Servicio Extremeño de Salud (SES). Dos grandes profesionales que saben y así lo manifiestan, que es obligado cambiar el rumbo de las políticas públicas de salud, reorientándolas a la prevención y al autocuidado, entre otros aspectos. Todavía son sólo palabras, y en las últimas décadas hemos escuchado muchas, que en palabras se quedaron.

Más reciente aún es la reunión a la que fui convocado por el equipo responsable de Atención Primaria del Área de Badajoz del SES, igualmente profesionales comprometidos que han elegido la tarea de ayudar al fumador a abandonar su hábito como una de sus líneas estratégicas, y ya se están diseñando actividades (de formación de profesionales, de sensibilización ciudadana, de poner a disposición del fumador una ayuda profesional accesible en su propio centro de salud, etcétera). Esto resulta aún más esperanzador.

Desconozco el contenido de los tan discutidos presupuestos para nuestra Comunidad Autónoma, pero resulta obligado por ética, por responsabilidad y por el ahorro económico que generará, que contengan una partida significativa destinada a luchar contra la principal -y evitable- causa de muerte de los extremeños. Probablemente seguirá siendo menos importante que la destinada a otros problemas de salud menos graves y menos prevalentes, pues la inercia de las décadas pasadas es mucha, pero por el bien de nuestros conciudadanos espero que sea el inicio de unas políticas más consecuentes con la realidad. Sepan, además, que un reciente estudio de la Universidad de Zaragoza estima que cada paciente fumador supone, comparado con el que no fuma, un gasto sanitario extra directo (consultas, fármacos...) de 475 euros al año, cantidad que sobrepasa los 800 euros/año si incluimos los gastos indirectos, como el absentismo laboral... ¿Es mucho pedir que se destine, por cada fumador extremeño, siquiera ese «pico» de 75 euros, esa pequeña parte de lo que ahorraremos en cada uno de los que ayudemos a dejar de fumar, si tenemos los recursos para hacerlo?

------------------------------

(*) Responsable del Grupo de Trabajo de Abordaje al Tabaquismo (GAT) de la Sociedad Extremeña de Medicina Familiar y Comunitaria y miembro del grupo nacional homónimo (GAT) de SemFYC. Es también delegado autonómico del Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo (CNPT).

Fuente: Diario Hoy.es

Comentario de la Junta del CNPT

Hoy reproducimos íntegramente la noticia publicada por Emilio Salguero Chaves, enfermero y médico de familia, delegado autonómico del CNPT en Extremadura, sobre la situación de tabaquismo en su Comunidad Autónoma.

Realmente es cuestión de ética profesional ofrecer ayuda de calidad para dejar de fumar a las personas fumadoras, a la par que es una cuestión de responsabilidad de las Administraciones Sanitarias ofrecer recursos y estructurar los servicios sanitarios para ello,  por la prevalencia y la magnitud del problema social y sanitario que causa el tabaquismo.

A día de hoy la ayuda a la cesación tabáquica es desigual en nuestro país encontrando regiones en la que hay una red ayuda bien estructurada y organizada desde la Administración Sanitaria pertinente y otras en la que no se contempla ningún servicio en este sentido, y las personas que quieren dejar de fumar no saben donde acudir. Esta cuestión aún está por resolver en más de una Comunidad Autónoma, por desgracia. Desde el CNPT seguiremos abogando por una atención al tabaquismo de calidad, tal y como se propone en el Documento de Consenso de Atención Clínica al Tabaquismo en España